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LA PSICOLOGÍA POSITIVA

 

Por Mtro. Miguel ANAYA

Director de Instituto ANAIAK

Desde hace décadas, comúnmente se ha identificado que el propósito de la psicología sólo ha sido el de curar y remediar los trastornos o padecimientos mentales del ser humano. El punto focal de la psicología se encontraba sesgado hacia las situaciones negativas de las vivencias humanas y no era extraño delimitarse así; las emociones negativas se manifiestan como un dispositivo de alarma que permiten protegerse de situaciones de riesgo para la integridad física o mental de quien las vive. Gracias a los numerosos estudios llevados a cabo, a lo largo de las últimas seis décadas, con tanta preocupación en el entendimiento de los mecanismos de defensa bajo los cuales se encuentra sujeto un individuo: como desde las características tóxicas que pueden llegar a presentarse en núcleo familiar hasta una enfermedad grave como lo es la esquizofrenia, se han desarrollado tratamientos médicos para su aplicación en el campo de la psiquiatría (Esponda, 2009).

A diferencia de las experiencias negativas y su impacto en la psique humana, la percepción común es de que las experiencias positivas que producen felicidad o bienestar pasan rápidamente a ser relegadas por aquellas que nos reprimen, era lógico pensar que la psicología debía de tratarlas urgentemente a todas aquellas que pusieran en riesgo la salud mental, emocional o física de la persona. Sin embargo, últimamente la psicología ha puesto su atención en aquellos elementos que ayudan a la persona a componerse y a incrementar su calidad de vida, teniendo en cuenta los estados óptimos que impulsan su capacidad de excelencia vital y promuevan un valor fundamental positivo en los términos de lograr la sobrevivencia y aumentar su calidad de vida (Cuadra y Florenzano, 2005).

A principios del siglo XXI, Casullo (2000) planteó la existencia de “un nuevo paradigma de reflexión teórica y metodológica” (Mariñelarena, 2014, p.1894), al que nombró psicología salugénica o positiva, en el que su objetivo primordial fue el de investigar los aspectos positivos o salugénicos de la personalidad para promover la salud. Al mismo tiempo de las investigaciones de Casullo brotaba en Estados Unidos de Norteamérica la psicología positiva.

Es de llamar la atención que Linley et al (2006) y Gancedo (2008) señalan que Abraham Maslow (1908-1970) fue la primer persona en emplear el término de psicología positiva, descrito en el último capítulo de su libro Motivación y Personalidad. (Mariñelarena, 2012, p.164). El movimiento de la psicología positiva tiene su origen a finales del siglo XX (Duckworth, Steen y Seligman, 2005) y se indica que su surgimiento tuvo su inicio en el año de 1998 durante el discurso inaugural del psicólogo norteamericano Martin Seligman, como presidente de la American Pshchological Association (APA). La nueva corriente psicológica enfocaba su atracción bajo tres listas de acción: el estudio de las emociones positivas, las características personales positivas y las instituciones que promueven estos dos primeros. Más adelante, en el año 2009, se consideró una cuarta lista de investigación: los vínculos positivos, por lo que en su totalidad este nuevo movimiento se centra en el estudio de la felicidad y su objetivo primordial es lograr el incremento en el gozo o satisfacción humana (Mariñelarena 2012, 2014). Para el año 2011, Seligman mostró su teoría del bienestar, basada en: las emociones positivas, las características personales positivas, el significado, el compromiso y el logro; gracias a estos cinco peculiaridades se construyó el modelo multidimensional (Mariñelarena, 2014, p.1895).

Últimamente la psicología positiva ha mostrado un crecimiento y aceptación constante y puede derivarse de los beneficios que brindan dos de sus aportaciones. Por un lado difundió y consolidó, tanto a nivel general de la sociedad como en la comunidad científica, un importante interés por las características positivas de la mente humana. Por el otro, centró y consolidó las diferentes investigaciones e ideas previas, como anteriormente vimos, sobre la tranquilidad y en búsqueda de la satisfacción en la percepción de los individuos. (Mariñelarena, 2012, p.164). A veinte años del nacimiento de la psicología positiva en los Estados Unidos de América se ha identificado en los cinco continentes, en diversas instituciones y localidades, bajo el manto de este nuevo modelo un sinnúmero de investigaciones, publicaciones de difusión cultural, tratados, congresos, páginas web, premios e investigaciones.

Gracias a la psicología positiva el bienestar mental de la persona no sólo es apreciada de manera subjetiva, ya que puede estudiarse empíricamente (Duckworth, Steen y Seligman, 2005). Es importante ampliar nuestra perspectiva y abrir nuestro criterio a un panorama positivo, lo que induce a una comprensión más amplia del comportamiento y actitudes del ser humano (Vázquez y Hervás, 2009). Durante muchas décadas el enfoque sólo fue de encontrar soluciones para la enfermedad mental o interesada en un mundo patológico, lo cual contribuyó a que se llevaran a cabo importantes avances en su disminución y control, pero se había dejado a un lado todos los elementos que coadyuvan para mantener un equilibrio en su bienestar psicológico, generando así individuos plenos con mayor capacidad de llevar a cabo sus actividades y desarrollándose satisfactoriamente.

Hoy en día a la psicología positiva se le reconoce como una nueva rama de la psicología tradicional, la cual se enfoca en los sentimientos y estados emocionales positivos del comportamiento del ser humano para identificarlos y promoverlos (Vázquez y Hervás, 2009). Aun así, es reducido y limitado el número de investigaciones que se enfocan en el logro de la felicidad humana, su desarrollo y su bienestar, es por ello que mediante su estudio se propone impulsar un cambio de perspectiva de la psicología para que no sólo solucione lo que va mal en las personas, sino también que ayude a promover la mejor versión de nosotros mismos, es decir, transformarnos integralmente en nuestra vida.

A lo largo de la historia, el ser humano se ha enfrentado a diversas situaciones tan adversas que en su momento se pensó acerca de la imposibilidad de llevarlas a cabo. Numerosos ejemplos nos muestran que aquellas personas que han logrado sus cometidos de manera triunfante, aún con todos los elementos en su contra, han manifestado los valores de perseverancia, fe y de un temple que asombra a generaciones y nos causan una profunda admiración. Es evidente que enfrentaron la mayor de las adversidades recurriendo al buen humor, optimismo, creatividad y sabiduría. El bienestar psicológico se desarrolla enfrentando a los procesos naturales de la vida con días buenos y malos, situaciones agradables o repudiables, en la salud o enfermedad de una manera en que se le enfrenta y se le dé un significado a nuestra existencia con la capacidad interna y propia de la transformación, apoyándonos en nuestros valores y fortalezas.

 

BIBLIOGRAFÍA.

Cuadra, L.H. y Florenzano, U.R. (enero, 2005). El bienestar subjetivo: hacia una psicología positiva. Red Revista de Psicología, 88-90.

Duckworth, A., Steen, T. & Seligman, M. (2005). Positive psychology in clinical practice. Annu. Rev. Clin. Psychol, 1, 629–651.

Esponda, G. (2009). Psicología positiva y educación familiar: una propuesta de complementariedad. Revista Panamericana de Pedagogía: Saberes y Quehaceres del Pedagogo, 15, 93-96.

Mariñelarena-Dondena, L. (2012). La divulgación científica de la psicología positiva en la Argentina. Fundamentos en Humanidades, Universidad Nacional de San Luis – Argentina, 26(2), 163-164.

Mariñelarena-Dondena, L. (julio, 2014). De la epidemiología psiquiátrica a la psicología positiva. Historia de la trayectoria científica de María Martina Casullo. Universitas Psychologica, 13(5), 1893-1895.

Vázquez, C. y Hervás, G. (2009). Psicología Positiva Aplicada (2ª ed.). Sevilla, España: Desclée de Brouwer.